miércoles, 10 de septiembre de 2008

Humano

Dédalo fue un famoso arquitecto que construyó el laberinto de Creta para el rey Minos, en el cual éste encerró al Minotauro, hijo de su esposa, la cual había sido castigada por Poseidón con la zoofilia. Tras construirlo, y debido a que fue él el que favoreció que la esposa de Minos se aparease con un toro, Dédalo fue encerrado junto a su hijo Ícaro en el interior del mismo por el rey.


Dédalo consiguió escapar del laberinto que él mismo había construido, pero no podía abandonar la isla por mar, dado que el rey lo vigilaba, así que construyó unas alas con plumas, cera e hilo. Éstas eran frágiles, con lo que Ícaro y Dédalo, para poder tener éxito, debían volar no muy cerca del mar para que las alas no se mojasen y no muy cerca del sol para que la cera no se derritiese.


Así lo hicieron, comenzaron su vuelo como debían, pero después de un tiempo, Ícaro, cegado por el brillo y la majestuosidad del sol, tratando de acercarse a él voló y voló aproximándose más y más, desoyendo los gritos de su padre.


Tal y como predijo Dédalo, la cera que mantenía unidas las plumas de las alas se derritió, e Ícaro se precipitó al mar, demostrando que el ser humano siempre tiene que tener en cuenta esa condición inherente de simple ser humano.




[...]


Siempre me gustó este mito griego, en el fondo no somos más que seres débiles, vanales ante una insignificante estrella en el Universo, y aún así, capaces de hacer cosas tan extraordinarias que asombrarían a los mismos Dioses del Olimpo.




Así es el ser humano, simplemente humano.

1 comentario:

Beus! dijo...

Simplemente maravilloso
(cuando quiere claro!)
La moraleja de esta historia es que no hay que fliparse!