Como las mareas, que atraen y alejan el agua de mares y océanos a tierra firme, llegan los recuerdos de esta última semana a mi mente. Miles de imágenes bordeando el Mediterráneo se amontonan en mi cabeza, y no puedo evitarlo, estoy triste, a pesar de que la mayoría de los recuerdos hacen que me retuerza del dolor estomacal provocado por la risa.
Cambió el camarote por mi habitación, el vaivén del barco por una casi ya inexistente sensación de que todo da vueltas, lo inmenso del Mar por las vistas de la ciudad que tengo desde mi casa, las olas por el tráfico, la "brisa" marina por un calor seco increíble, las noches interminables por nada.
Vuelves, y parece como si todo hubiera estado parado una semana, como si el mundo hubiera estado quieto mientras estás en tu pequeño universo de felicidad. Quizás por eso la vuelta es más dura, llegar y ver que todo está exactamente igual que cuando te fuiste, encontrarte solo, en silencio, levantar la vista, salir al pasillo, y ver que no hay nada, nadie, que todo terminó...
Pues me niego a volver tan rápido, con vuestro permiso me voy a comer una hamburguesa en una tumbona de la cubierta 11, luego a cenar en el restaurante Riazor, botellón en el Ática Club y de fiesta a la discoteca Alameda...Y nada de dormir, que como el barco atraca pronto en el próximo puerto, hay que bajar rápido para que el día cunda lo suficiente.
...
Lo echo de menos. Todo y a todos.
Nada es lo mismo, pero aún huelo el mar...