jueves, 26 de noviembre de 2009
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Prisas
Me he dado cuenta de una cosa: la gente va siempre con prisa. Y no sé si es que todos tienen la puñetera manía de salir tarde de todos los sitios o es que tienen frío y quieren estar el menor tiempo posible en la calle, pero me desquicia.
Me pone nervioso que corran. Vale que tampoco es muy difícil que algo me ponga nervioso, pero en este caso creo que está justificado. No es agradable salir de tu casa tan tranquilo a las 8 de la mañana, a tu ritmo, y ver que todos los viandantes van a una velocidad que parecen Paquillo Fernández en los 20 km marcha, no llegando a correr pero andando tan rápido que te daría flato si intentases seguirlos.
Esa es otra, encajado dentro de una marea móvil de transeúntes no puedes por menos que adaptar tu ritmo al suyo, con lo que ello conlleva a unas horas en las que no estás del todo despierto y llevas el estómago petado de Dinosaurus. Claro, así siempre llegas con tiempo a la facultad...sí, con tiempo de recuperarte. Y sudando como un pollo, o bueno, no sabes si es sudor, porque el aire aquí tiene un tenebroso encanto humidificador que te recuerda a las noches de verano y que te hace ir siempre como recién salido de la piscina.
Por otro lado están los maravillosos inventos de dos ruedas de esta ciudad: las motos y las bicings. Las primeras, las ves y dices "joder cómo mola Barcelona, habrá poquitos coches con tantas motos". Pues los cojones. Atasco todas las santas mañanas. Y como las motos no caben en la carretera, a la acera. Como éramos pocos...
Y tranquilos, que aún quedan las bicings, ese maravilloso invento municipal por el cual puedes coger una bici en cualquier punto de la ciudad y devolverla en cualquier otro (con mucha letra pequeña pero bueno, en resumen es eso). ¿Por dónde creéis que van los usuarios de estos trastos? Exacto, por la acera.
Os preguntaréis, ¿cabemos todos? Pues claro, como todos van tan rápido, el tráfico es bastante fluido.
Me pone nervioso que corran. Vale que tampoco es muy difícil que algo me ponga nervioso, pero en este caso creo que está justificado. No es agradable salir de tu casa tan tranquilo a las 8 de la mañana, a tu ritmo, y ver que todos los viandantes van a una velocidad que parecen Paquillo Fernández en los 20 km marcha, no llegando a correr pero andando tan rápido que te daría flato si intentases seguirlos.
Esa es otra, encajado dentro de una marea móvil de transeúntes no puedes por menos que adaptar tu ritmo al suyo, con lo que ello conlleva a unas horas en las que no estás del todo despierto y llevas el estómago petado de Dinosaurus. Claro, así siempre llegas con tiempo a la facultad...sí, con tiempo de recuperarte. Y sudando como un pollo, o bueno, no sabes si es sudor, porque el aire aquí tiene un tenebroso encanto humidificador que te recuerda a las noches de verano y que te hace ir siempre como recién salido de la piscina.
Por otro lado están los maravillosos inventos de dos ruedas de esta ciudad: las motos y las bicings. Las primeras, las ves y dices "joder cómo mola Barcelona, habrá poquitos coches con tantas motos". Pues los cojones. Atasco todas las santas mañanas. Y como las motos no caben en la carretera, a la acera. Como éramos pocos...
Y tranquilos, que aún quedan las bicings, ese maravilloso invento municipal por el cual puedes coger una bici en cualquier punto de la ciudad y devolverla en cualquier otro (con mucha letra pequeña pero bueno, en resumen es eso). ¿Por dónde creéis que van los usuarios de estos trastos? Exacto, por la acera.
Os preguntaréis, ¿cabemos todos? Pues claro, como todos van tan rápido, el tráfico es bastante fluido.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Seasun
Esta tarde me he acercado a ver el mar, tan solo durante unos cinco minutos.
No sé qué es lo que tiene, o igual es que me pasa a mí, que soy un chico del interior, pero con esos cinco minutos mirando las pequeñas olas llegar a la orilla desierta, sin casi un sonido que altere el equilibrio que forma todo el conjunto (la arena, el agua y el cielo lleno de nubes, colores discordantemente complementarios), consigo sentirme bien, renovar energías.
De vez en cuando es bueno dejarse llevar hasta donde se pierde el color del mar.
La vida puede ser maravillosa, no me digáis que no.

No sé qué es lo que tiene, o igual es que me pasa a mí, que soy un chico del interior, pero con esos cinco minutos mirando las pequeñas olas llegar a la orilla desierta, sin casi un sonido que altere el equilibrio que forma todo el conjunto (la arena, el agua y el cielo lleno de nubes, colores discordantemente complementarios), consigo sentirme bien, renovar energías.
De vez en cuando es bueno dejarse llevar hasta donde se pierde el color del mar.
La vida puede ser maravillosa, no me digáis que no.

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