A menudo consideramos a los personajes públicos famosos, ya sean cantantes, actores o deportistas de élite, como seres egoístas desligados del mundo en el que todos nosotros, por suerte o desgracia, apoyamos los pies. En general dicha percepción suele corresponderse con la realidad, tal y como apreciamos constantemente en periódicos, revistas o programas de televisión, cuando cierto personaje pasa impertérrito entre miles de personas que lo adoran sin siquiera inmutarse y molestarse en dedicarles un mínimo gesto de complicidad o agradecimiento.
Sin entrar a valorar sus motivos, tendemos a exigirles un mínimo de agradecimiento por la veneración que les dedicamos, y, muchas veces, cuando somos correspondidos, en lugar de sentirnos afortunados, pensamos que quizás es todo una farsa organizada con el fin de no perder esos adeptos que los mantienen en la cumbre de la sociedad. Nos sentimos defraudados.
Otras veces, sin embargo, ocurre lo que ha ocurrido con Brian.
Brian era un niño estadounidense, natural de New Orleans, que murió hace dos días debido a un tumor cerebral irreversible con tan sólo 8 años de edad. Era fan del equipo de baloncesto de la ciudad, los New Orleans Hornets, y, en concreto, adoraba a su mejor jugador, un chico de 22 años llamado Chris Paul, todo un ídolo en la ciudad, en el país y en el mundo entero.
"Sé que voy al cielo y que allí me encontraré con Dios vestido con mi camiseta de Chris Paul" fue lo que le dijo Brian a su familia. Desde ayer, Chris Paul ha decidido honrar a Brian cada vez que juegue al baloncesto, llevando de por vida su nombre en sus zapatillas.
Son estas cosas las que demuestran que en verdad todos somos iguales, las que acercan las estrellas a La Tierra.
2 comentarios:
Estoy a punto de llorar, y no es broma.
Bonita historia
Publicar un comentario